"La victoria de ningún modo debe hacernos relajar la vigilancia. Quien quiera que relaje la vigilancia quedará desarmado políticamente y se verá reducido a una posición pasiva" Mao Tse Tung
Me parece que eso me pasó... creí haber obtenido la victoria... pero el enemigo siempre acecha, eso no lo tomé en cuenta.
Y ahora desconfío de todo, incluso de quien no es mi enemigo, tendrías que haber estado algún día en una batalla así, donde las bajas de aliados eran incontables, por donde buscaras había huecos, incluso el suelo era traicionero, algunas minas aquí, otras por allá... no se sabía... en esas condiciones uno no puede fiarse... la paranoia que se tiene al pensar si te llegará una bomba de lo alto, si aparecerá alguien con un arma a la vuelta de una esquina e intentará llevarse de una vez por todas lo que te pertenece, o lo que crees que te pertenece, no es fácil, no es fácil hacer el recuento de los daños materiales y no materiales.
No es fácil estar sentado en este suelo extraño, gris, irreconocible, donde doy vueltas y vueltas en mi cabeza pensando cómo hacer de nuevo para que ese lugar tan andado, tan conocido, incluso tan anhelado en algún tiempo, vuelva a ser, por lo menos, habitable.
Aunque para reconstruir la ciudad, incluso la esperanza, la confianza, la dignidad y todo aquello que se pierde en una guerra hace falta más que una sola persona...
Una sola persona con la voluntad y el deseo de ordenar todo el caos podría hacerlo... pero no es suficiente; sabes que para que ese lugar vuelva a ser el mismo de antes hace falta trabajar mucho, hace falta que esa persona encuentre de nuevo algún aliado en quien confíe y le demuestre que está dispuesto, incluso, a jugarse la vida para emprender esa tarea, que al final podría traducirse en la felicidad que tan ansiosamente busca el ser humano.
Esto aplica para ambas personas, las cuales quisieran que el mundo, ese mundo que ambos indirectamente destruyeron, se tornara en un lugar que por sí solo se describiera, que por sí solo caminara.. un lugar en el que tú seas tú y y yo sea yo... de nuevo...
Me parece que eso me pasó... creí haber obtenido la victoria... pero el enemigo siempre acecha, eso no lo tomé en cuenta.
Y ahora desconfío de todo, incluso de quien no es mi enemigo, tendrías que haber estado algún día en una batalla así, donde las bajas de aliados eran incontables, por donde buscaras había huecos, incluso el suelo era traicionero, algunas minas aquí, otras por allá... no se sabía... en esas condiciones uno no puede fiarse... la paranoia que se tiene al pensar si te llegará una bomba de lo alto, si aparecerá alguien con un arma a la vuelta de una esquina e intentará llevarse de una vez por todas lo que te pertenece, o lo que crees que te pertenece, no es fácil, no es fácil hacer el recuento de los daños materiales y no materiales.
No es fácil estar sentado en este suelo extraño, gris, irreconocible, donde doy vueltas y vueltas en mi cabeza pensando cómo hacer de nuevo para que ese lugar tan andado, tan conocido, incluso tan anhelado en algún tiempo, vuelva a ser, por lo menos, habitable.
Aunque para reconstruir la ciudad, incluso la esperanza, la confianza, la dignidad y todo aquello que se pierde en una guerra hace falta más que una sola persona...
Una sola persona con la voluntad y el deseo de ordenar todo el caos podría hacerlo... pero no es suficiente; sabes que para que ese lugar vuelva a ser el mismo de antes hace falta trabajar mucho, hace falta que esa persona encuentre de nuevo algún aliado en quien confíe y le demuestre que está dispuesto, incluso, a jugarse la vida para emprender esa tarea, que al final podría traducirse en la felicidad que tan ansiosamente busca el ser humano.
Esto aplica para ambas personas, las cuales quisieran que el mundo, ese mundo que ambos indirectamente destruyeron, se tornara en un lugar que por sí solo se describiera, que por sí solo caminara.. un lugar en el que tú seas tú y y yo sea yo... de nuevo...